jueves, 1 de diciembre de 2011

Hay cuentos sin final...


Mientras su madre se quemaba al sol, el niño alergico a la sal miraba al mar.
Buceaba con los ojos.

Se imaginaba sin camisa ni extremidades, sin nariz ni pantalón,
y dibujaba un pez.
Se zambulló sin aguantar la respiración...

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